Cuando Boston aterrizó con su segundo álbum, Don't Look Back, en 1978, los escritores de rock terrenales hablaron mucho de los dos años que habían transcurrido entre la exitosa primera visita musical de la banda y la llegada de este nuevo amanecer. En retrospectiva, un par de años de duro trabajo resultaron ser un abrir y cerrar de ojos en comparación con algunas pausas posteriores, bastante más prolongadas, en la actividad discográfica de Boston en las décadas siguientes. Si algunos pensaban que dos años era mucho tiempo para esperar la segunda venida de Boston, su paciencia pronto se pondría a prueba una y otra vez. Don't Look Back mereció la pena.


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